Como el sueldo es sagrado, y más el suyo, las faltas de asistencia al trabajo se verían afectadas, proporcionalmente, a la parte correspondiente a dietas y kilometrajes. Es decir, sólo a lo que cobran por ir a trabajar. Entre unos 798 y 2.094 euros, en función de la distancia que tenga que recorrer el o la “ilustre”. Si por ejemplo se desplaza un mínimo de 51 kilómetros, su esfuerzo se ve recompensado en torno a 1.446 euros mensuales. Un poco más del doble del salario mínimo interprofesional. Pero eso sí, totalmente libre de impuestos. Vamos, como cualquier otro trabajador.
No me extraña que haya puñaladas traperas para buscarse el chollo político. Con la excusa de defender el interés general, se hacen imprescindibles, convierten la política en su profesión (quizás no tengan otra) y no les importa moverse de un lugar a otro, porque saben acomodarse en cualquier estamento. Se mimetizan en cualquier cargo público de forma instantánea y espectacular. En su caso, no importa el conocimiento. Sólo importa el estar. Y como decía García Pavón, no es que la política sea ninguna tontería, ¡ojo! lo que pasa es que hay mucho tonto viviendo de la política. Una política, de foto y ausencia. Nada más. No los busque usted en ninguna organización social, solidaria o de acción inmediata donde tengan que arrimar el hombro, donde tengan que poner su propio dinero, donde su recompensa sea la satisfacción del trabajo realizado, donde solamente sean simples y desconocidos voluntarios, o donde realmente se defienda el interés general. NO. Para eso ya están los “otros”.
Lástima que este tipo de FICHAJE político no conlleve, como en el deporte, la posibilidad de TRASPASO o, mejor, de poder darles, de una vez por todas, la CARTA DE LIBERTAD.













