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La persona que falta

sábado, 25 de julio de 2026

Ahora mismo, en algún lugar, hay una persona compatible con Diego. No lo sabe. Vive su vida con la misma normalidad de siempre, ajena a que su sangre guarda la respuesta a una pregunta que otra familia se hace cada noche, sin descanso.



Diego tiene cinco años y vive en Alcuéscar. Pelea por segunda vez contra una leucemia que le ha devuelto al hospital justo cuando empezaba a recuperar la vida que le corresponde: el colegio, el fútbol, los libros, los dibujos animados, sus dinosaurios, esa rutina que los adultos solemos dar por descontada hasta que falta.

La medicina hará todo lo que esté en su mano. Ya lo está haciendo. Pero hay una parte del tratamiento que no depende de un quirófano ni de un laboratorio, ni siquiera de la voluntad de quienes llevan meses acompañando a su familia: depende de que alguien, en algún lugar, decida dar un paso que quizá todavía no sabe que puede dar.

La Asociación para la Donación de Médula Ósea de Extremadura (ADMO) ha puesto en marcha una campaña para encontrar a esa persona. El proceso es sencillo: basta con pedir cita previa en cualquiera de los once hospitales de la región y cumplir un único requisito, tener entre 18 y 40 años. Diez minutos, un poco de sangre y un formulario. Nada que se parezca al gesto que puede llegar a suponer.

Porque si Diego necesita finalmente un trasplante, habrá que encontrar a una persona compatible que hoy es un desconocido absoluto, alguien que probablemente nunca llegue a saber su nombre y que, sin embargo, puede regalarle los años que le quedan por vivir, quizá muchos, quizá los que hacen falta para llegar a la edad adulta. La compatibilidad genética necesaria es tan improbable como decisiva, y ahí es donde entra cada nuevo donante que se inscribe.

Para quien los da, esos diez minutos son apenas un trámite. Para quien espera al otro lado, son la diferencia entre seguir esperando o empezar de nuevo.

Hay un detalle que conviene no olvidar. Nadie se registra para un solo paciente. Quien da ese paso entra a formar parte de una red que ya existe, silenciosa, extendida por toda España, y que hoy puede llamarse Diego y mañana llamarse de cualquier otra manera, en cualquier otro hospital.

La campaña que busca ese donante se llama, sin rodeos, "Diego necesita un héroe". El nombre no exagera. En este caso, ser un héroe no exige gesta ni sacrificio: exige, simplemente, presentarse. Nadie tiene que dejar de ser quien es. Solo tiene que estar donde haga falta, el día que le toque.

Ojalá esa persona aparezca pronto. Y ojalá, cuando lo haga, para ella siga siendo una mañana cualquiera: pidió una cita, dio un poco de sangre y volvió a casa sin saber que, en Alcuéscar, alguien acababa de ganar tiempo.

Quizá, mientras termina de leer estas líneas, esa persona aún no sepa que es ella la que falta. O quizá decida, hoy mismo, dejar de faltar. Por Diego.

@Joaquín M. Floriano.
Con otra mirada - Columnista.



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