La vecina del tercero dejó de sacar la basura un lunes. Nadie preguntó. En el rellano empezó a oler a humedad vieja, pero el administrador habló del calor y cerró la ventana.
Una noche escuché pasos sobre mi techo. Lentos. Como si probaran el suelo.
Al día siguiente, el ascensor se detuvo en mi planta. Bajó un hombre que no había visto antes.
Sonrió con cortesía cansada y me sostuvo la puerta.
Traía tierra bajo las uñas.
Cuando salí, el ascensor subió solo. No marcaba ningún número.
Desde entonces, cada madrugada arrastran algo pesado arriba. La basura sigue sin aparecer. Y el buzón del tercero está lleno.
Al día siguiente, el ascensor se detuvo en mi planta. Bajó un hombre que no había visto antes.
Sonrió con cortesía cansada y me sostuvo la puerta.
Traía tierra bajo las uñas.
Cuando salí, el ascensor subió solo. No marcaba ningún número.
Desde entonces, cada madrugada arrastran algo pesado arriba. La basura sigue sin aparecer. Y el buzón del tercero está lleno.
@Joaquín M. Floriano.
Derechos reservados.

Me encanta. Permíteme que lo lleve a un grupo de facebook que administro. Vuelvo a decirte: me encanta tu microrrelato. SAludos.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por su amable comentario.
EliminarSi me indica cuál es su grupo de Facebook lo visitaré con mucho gusto e igual me apunto a él.
Reitero mi agradecimiento.